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Guías: La Disciplina
(Discipline Tips)



El Acoso Infantil

Por Marisol Muñoz-Kiehne, PhD
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¿Qué es el acoso entre los niños?

Acoso es cuando un niño o grupo de niños trata deliberadamente de controlar a otros, sea verbal, emocional, o físicamente. Se manifiesta mediante amenazas o agresión física, la exclusión de juegos y actividades, las burlas, y los insultos por apariencia física o raza. El acoso entre niñas tiende a ser verbal, con palabras que lastiman, mientras que los varones demuestran más acoso físico (empujones, golpes).

¿Cuál es la diferencia entre los conflictos y el acoso?

En un conflicto, los niños compiten intentando “ganar,” y las emociones de ambas partes lucen alteradas. En situaciones de acoso, el intimidador parece sentirse calmado y en control, mientras que la víctima muestra angustia o temor.

¿Cuál es la diferencia entre el juego agresivo y el acoso?

Algunos niños juegan de maneras bruscas o toscas que pueden intimidar o lastimar a otros niños sin ser ésta su intención. Muchas veces están copiando lo que han visto a su alrededor o en la televisión, ¡hasta en algunas caricaturas!

Dado el pensamiento egocéntrico de los niños pequeños, a menudo no se percatan de cómo impacta su conducta a los demás. El juego agresivo se considera intimidación cuando, a propósito, el niño domina o controla a otros, sea verbal, emocional, o físicamente.

Los niños que juegan de maneras agresivas pueden desarrollar una reputación negativa. Es importante enseñar a los niños que tienden a ser agresivos al jugar a jugar de maneras activas que no lastiman los cuerpos ni los sentimientos de los otros niños.

¿Qué tan común es?


Lamentablemente, el acoso es bastante frecuente: cientos de miles de niños son hostigados cada día. El acoso es la forma más común de violencia en nuestra sociedad. Aunque se manifieste a menudo y a través de los diversos grupos sociales y económicos, la intimidación no es una parte normal de la niñez.

¿Qué causa el acoso entre los niños?

Los niños que acosan muchas veces desean que se les vea y reconozca. Buscando atención, hostigan a otros para sentirse más poderosos y fuertes. A veces los niños intimidan cuando sienten celos o envidia, o por haber sido víctimas o testigos de maltrato. Los niños aprenden de los adultos si el acoso es aceptable o no, por lo que tiende a propagarse en entornos con poca supervisión y disciplina inconsistente.

¿Qué consecuencias sufren las víctimas de acoso en la niñez?

El acoso acarrea consecuencias negativas, a las víctimas, a quienes intimidan, y a los testigos. De hecho, puede impactar el clima de la guardería, la escuela o el vecindario, causando que los niños se sientan seguros donde viven o donde van a aprender. El acoso ocasiona consecuencias a corto y a largo plazo para la víctima, tales como: que se sientan indefensos, asustados, o avergonzados, que desarrollen ansiedades o depresión precipitadas por el estrés, o que actúen destructivamente hacia sí mismos o de maneras agresivas hacia los demás.

¿Qué consecuencias sufren los niños que acosan?

Sin los adultos no intervienen, algunas consecuencias que enfrentan los niños que intimidan son: ser rechazados por sus compañeros, limitarse el progreso de su aprendizaje y de sus destrezas sociales, y que aumente su agresividad.

¿Qué consecuencias sufren los niños que presencian el acoso?

Los testigos de la intimidación pueden sentirse inseguros, ansiosos y temerosos de que también serán acosados. Pueden sentirse confundidos, sin saber cómo reaccionar. Pueden sentirse culpables por no poder parar la intimidación. Los testigos el hostigamiento deben ser alentados a reportar todo acto de intimidación.

¿Cuándo debemos intervenir los adultos?

No hay por qué esperar; la agresión es un asunto serio, meritorio de atención e intervención temprana con la participación de los involucrados en la crianza del niño en la guardería y en el hogar. Por el bien del niño agresivo, y de los otros niños presentes, los adultos deben hacer lo posible para entender por qué lo hace, y para que cese la agresión.

Aunque algunos niños tienen temperamentos más dominantes que otros, el acoso es una conducta aprendida. Mientras más se tolera la conducta intimidante, más difícil es eliminarla. Los niños desarrollan reputación de intimidadores desde los años preescolares. El enseñarles maneras de relacionarse sin intimidar o agredir es una responsabilidad compartida entre los adultos importantes en su vida.

¿Deben hablar los padres de los acosados y los agresores?

Depende de las circunstancias y de cómo se hace el acercamiento. Los padres pueden conversar entre sí con una tercera persona, tal como una maestra como intermediaria. De cualquier manera, es importante que los niños se sientan cómodos contándole a sus padres si están siendo intimidados.

¿Debemos alentar a los niños a defenderse?

Es importante que los niños aprendan a protegerse, y a procurar ayuda cuando la necesiten. Debemos alentarles y enseñarles a hacerse afirmativos y auto-suficientes. Los niños deben conocer y defender sus derechos, saber resistir, decir "No," y retirarse de situaciones peligrosas. Ante el acoso o provocación, deben aprender a responder de manera afirmativa, ni pasiva, ni agresiva.

¿Cómo prevenir el acoso entre niños?

  • Supervisar a los niños en todo momento.
  • Asegurarse de que sientan que son importantes y que valoramos su presencia.
  • Servir de buen ejemplo demostrando empatía, respeto y compañerismo en nuestras relaciones.
  • Elogiar los niños cuando muestran conductas amables, compasivas, y justas.
  • Establecer normas y límites claros para las conductas aceptables.
  • Implementar un sistema disciplinario razonable y consistente.
  • Hacer cumplir consecuencias apropiadas para las conductas intimidantes.
  • Cultivar la inteligencia emocional de los niños (identificar y expresar sentimientos sanamente).
  • Enseñarles maneras de resolver conflictos y de manejar su enojo y frustración.
  • Evitar exponerlos a personas, lugares, y situaciones que demuestran maltrato, intimidación, u otras formas de violencia.
¿Cómo prevenir el acoso entre hermanos?
  • Los conflictos entre hermanos son inevitables y hasta pueden ser beneficiosos, pero la intimidación debe evitarse, ya que es perjudicial para todos.
  • La prevención de la intimidación toma tiempo y atención, pues consiste en ayudar al que intimida a conseguir lo que quiere de maneras aceptables, y ayudar al intimidado a responder de maneras no pasivas ni agresivas, sino afirmativas.
  • Mediante nuestro ejemplo, los padres podemos enseñarle a los niños a expresar lo que sienten y lo que quieren respetando los sentimientos y deseos de los demás.
  • Propiciar en el hogar un ambiente seguro en el que se practica y recompensa el trato amable.
  • Hacer todo lo posible por que todos los hijos se sientan importantes y queridos, afirmando la personalidad y talentos de cada cual.
  • Enseñar, estimular, reconocer, y premiar los comportamientos cooperativos, solidarios, y respetuosos.
  • Enseñarle a los niños a compartir y a jugar con compañerismo.
  • Establecer reglas específicas de convivencia en el hogar- ponerlas por escrito como recordatorio.
  • Sugerirle a los niños posibles maneras de negociar y llegar a acuerdos justos.
  • Evitar la intimidación, inclusive el uso del sarcasmo, la burla y la coerción al disciplinar a los niños.
  • Evitar el favoritismo y el comparar a los hermanitos, pues acentúa la competencia entre ellos.
  • Educar a los niños para que reconozcan situaciones de intimidación y respondan a ellas directamente o pidiendo ayuda.
¿Cómo motivar la conducta afirmativa en vez de la agresiva?
  • Enseñarles destrezas sociales para conducirse de manera afirmativa (no pasiva, ni agresiva).
  • Usar muñecos o marionetas para simular situaciones intimidantes y practicar respuestas apropiadas.
  • Practicar decir “No” y “Para” de manera clara y firme.
  • Practicar hablar con mensajes que comienzan con “Yo:” (Yo me siento… Yo quiero… Yo voy a…).
  • Practicar buenos modales (Por favor, Gracias, Lo siento).
  • Practicar el ignorar o retirarse ante conductas intimidantes.
  • Practicar destrezas del manejo del estrés y del enojo (contar, cantar, respirar).
  • Practicar destrezas de resolución de conflictos (tomar turnos, compartir, negociar).
  • Enseñarles a buscar ayuda cuando la necesiten.
¿Cómo ayudar a las víctimas del acoso?
  • Propiciar un ambiente de confianza en el cual se nos acerquen para contarnos sobre cualquier conflicto.
  • Consolarles y comunicarles que no vamos a tolerar ninguna agresión.
  • Usar juegos o dramatización para representar los incidentes sospechosos.
  • Enseñarles a hacer valer sus derechos.
  • Practicar respuestas positivas y humorísticas ante situaciones intimidantes.
  • Alentarles a desarrollar amistades y mejores relaciones con sus compañeros.
¿Importa el ejemplo de los adultos?

¡Es esencial sentar un buen ejemplo, y no "predicar la moral en calzoncillos"! Los niños observan, escuchan, e imitan lo que hacen los adultos. Los adultos sirven de modelo a los niños de cómo expresar emociones, relacionarse con otros, y resolver conflictos.

Podemos utilizar las tareas cotidianas (programas de TV, paseos) para conversar sobre los beneficios de las conductas amables, y lo perjudicial de las conductas agresivas. Debemos mostrarles cómo respetar y tolerar personas con ideas diferentes a las nuestras. Tenemos que enseñarles a resolver conflictos sin violencia.

Como bien lo dijo Octavio Paz, "Entre los individuos como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz."


Berrinches y Rabietas

Marisol Muñoz-Kiehne, PhD
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A todos nos desesperan y avergüenzan los berrinches y rabietas de nuestros niños, especialmente en lugares públicos. En esos momentos, recordemos que les servimos de ejemplo al permanecer Calmados, Conscientes, Consistentes y en Control, ya que el Estrés y el Enojo de los adultos aumentan los de los niños.

Comprensión:

  • Los niños están más propensos a berrinches cuando se sienten hambrientos, cansados, enfermos, aburridos, atemorizados, o excitados.
  • Los berrinches voluntarios tienen el propósito de llamar nuestra atención o manipular nuestra decisión. Respondamos a éstos demostrando que la rabieta no ha de funcionar. Podemos distraerlos, ignorarlos durante la rabieta y atenderlos en cuanto se tranquilicen, o implementar aislamiento (time-out). No recompensemos estos berrinches ofreciéndoles atención, aunque sea negativa, ni cediendo ante los pedidos o reclamos. “Cuando te calmes, te ayudaré,” “Te escucharé cuando hables con voz baja.”
  • Los berrinches involuntarios demuestran que el niño no puede regular, manejar, o verbalizar sus emociones efectivamente. Respondamos a éstos ofreciéndoles consuelo, ayuda, y ejemplos de cómo hablar sobre la situación y expresar sus sentimientos. “Parece que te sientes frustrado, dime si necesitas ayuda,” “Estoy aquí, cuéntame qué pasa y cómo te sientes.”

Acción:

  • Para prevenir berrinches, evitemos la prisa, el desorden, y situaciones que tienden a precipitar rabietas, tales como ir a tiendas muy estimuladoras o llevar a los niños a mandados aburridos. Preparémonos con juguetes, libros, meriendas, siestas. Sentemos normas claras de comportamiento, estableciendo incentivos para motivarlos, y recompensas o castigos como consecuencias del comportamiento.
  • Durante el berrinche, evitemos que causen lesiones a sí u a otros y destrucción de objetos.
  • Digámosles lo que vamos a hacer. Pidamos ayuda si necesario.
  • Después del berrinche, discutamos el incidente y planifiquemos para situaciones similares futuras. Implementemos la consecuencia acordada.

Orientación:


La Ciencia de la Disciplina
Marisol Muñoz-Kiehne, Ph.D.

La Disciplina es una ciencia: A conciencia, con paciencia y consistencia

A Conciencia:

  • Pensar antes de actuar
  • Enseñar con nuestro ejemplo
  • Modelar actitudes y comportamientos (practicar lo que predicamos)
  • Descubrir qué necesidades está comunicando el joven con su comportamiento
  • Escoger las batallas a enfrentar

Con Paciencia:

  • Responder, no reaccionar
  • Ejercer autoridad sin violencia
  • Aprender a ignorar lo no importante
  • Manejar nuestra ira y frustración apropiadamente
  • Evitar conductas humillantes o abusivas

Y Consistencia:

  • Establecer normas específicas y razonables
  • Dar consecuencias naturales o lógicas


Cómo Disciplinar a los Niños con Amor y Límites

Por Marisol Muñoz-Kiehne, Ph.D y Rona Renner, RN

Cuando los padres de familia hablan sobre disciplinar a sus niños, a menudo se refieren a castigarlos. A lo que nos referimos aquí al hablar de disciplina es a enseñar a los niños lo correcto de lo incorrecto, de una manera respetuosa y efectiva. El método a utilizar dependerá de su propia experiencia y de la edad y conducta de sus niños. Los niños aprenderán a manejar sus emociones y resolver sus conflictos observándole a usted, así que mantenga la calma, y piense en lo que necesitan sus niños.

He aquí unas guías disciplinarias:

Establezca normas y expectativas claras. Comunique claramente lo que quiere decir, y no diga lo que no esté dispuesto a cumplir. Si es hora de irse del parque, no amenace a los niños a dejarlos allí. Anuncie la hora de partida con 5 minutos por anticipado, y llévese a los niños a la hora indicada, aún si se quejan.

Demuestre que acepta las emociones y los deseos de sus niños. “Veo que estás triste por no poder ir a la escuela con tu hermano. Pensemos en lo que haremos cuando regrese a casa.”

Implemente consecuencias razonables por el mal comportamiento, y reconocimiento por el buen comportamiento de sus niños. Cuando su hijo moleste a su hermanita, retírelo a otra habitación por un tiempo determinado. Cuando la trate bien, déjele saber lo mucho que aprecia esta conducta.

No espere más de sus niños de lo que ellos son capaces de hacer. En lugar de enojarse con sus pequeños por estar inquietos en la tienda, pídales que le ayuden a seleccionar las frutas y las verduras, y a contarlas. Las salidas a hacer mandados deben ser breves.

Presente un frente unido con su pareja y otros encargados de sus niños. Si le permite a sus niños una hora de ver TV diaria, asegúrese de que los demás adultos implementen esta norma. Si sus niños tienen berrinches a la hora de apagar la TV, considere eliminar el privilegio de ver TV el día siguiente.

No implemente consecuencias negativas cuando esté enojado. Si sus adolescentes le hablan groseramente y usted empieza a enojarse, cálmese antes de decidir qué consecuencia impartirá. Enojado puede reaccionar exageradamente.

Si el mal comportamiento de sus niños aumenta, escuche, observe, y reflexione sobre lo que puede estar sucediendo. A veces la conducta de los niños es una manifestación de estrés, temor, u otras emociones. Comparta tiempos divertidos con sus niños, y provéales de un entorno seguro con rutinas, amor, y límites.

Para aprender más acerca de la disciplina y sobre otros asuntos de interés par padres de niños pequeños, llame a los Primeros 5 de California al 1-800-50NINOS (español) o al 1-800-KIDS-025 (inglés) y recibirá un paquete informativo.


Cómo NO Criar Acosadores

Por Marisol Muñoz-Kiehne, PhD y Rona Renner, RN

A menudo nos enteramos de noticias horrorosas sobre niños que son victimizados por otros niños en la escuela, el vecindario, y en la Internet. Existen programas escolares intentando mejorar el clima en los planteles educativos, y hay padres de familia supervisando las redes sociales, mas no hablamos lo suficiente acerca de los niños que acosan, y sobre lo que podemos hacer para prevenir que nuestros hijos se conviertan en unos de ellos. He aquí unas consideraciones a tomar en cuenta:

Comprenda los estilos de comportamiento individuales de sus hijos y tenga expectativas realistas basadas en el temperamento de cada cual:

  • Cuando los niños son sensitivos, ayúdeles a navegar las aguas de la amistad y la vida escolar.
  • A los niños activos e impulsivos les encanta ser el centro de atención. Proporcióneles oportunidades de expresar sus energías.

Pase tiempo con sus hijos y sus amistades:

  • Conozca las amistades de sus hijos y preste atención a los valores que demuestran. ¿Se siente su hija atraída a los niños "problemáticos?"
  • Trate de entender por qué sus hijos son amigos de los niños que son crueles con otros.

Establezca límites y consecuencias para la conducta inapropiada:

  • No excuse el mal comportamiento de sus hijos. Implemente consecuencias razonables, y demuéstreles que espera que la próxima vez se porten mejor.
  • Preste atención a las conductas positivas.
  • Busque la manera de disciplinar sin castigos severos.

Pase sus valores a sus hijos. No los acose, y no permita que ellos le acosen a usted:

  • Sus hijos seguirán el comportamiento que usted demuestre, más que lo que usted le diga. Muéstrele cómo usted ayuda a los demás.
  • Provea oportunidades para que sus hijos sirvan a los menos afortunados. Note los talentos de sus hijos y las áreas en las que demuestran ser capaces.
  • Elimine la intimidación y aumente la amabilidad en el hogar.
  • Enséñele a los niños maneras apropiadas de expresar sus emociones y deseos.

Reduzca el enojo y las discusiones entre los adultos:

  • Cuando los niños presencian violencia en el hogar, pueden expresar sus sentimientos de maneras inapropiadas.
  • Resuelva los problemas entre adultos fuera del alcance de los niños.
  • Si los niños ven o escuchan peleas, asegúrese de hablarles sobre lo que presenciaron y sobre lo que piensa hacer para evitarlo en el futuro.

La intervención temprana es clave para los niños que son impulsivos, agresivos, o están deprimidos or traumatizados:

  • Comuníquese con los maestros y consejeros escolares.
  • Hable con su médico y procure contactar profesionales de salud mental.
  • Si no sabe dónde conseguir ayuda, llame al 211.

En la vida de los niños ocurren acontecimientos que pueden dirigirlos a trayectorias inesperadas e indeseables. Procure apoyo, y recuerde que los niños que acosan necesitan atención y ayuda para aprender a relacionarse compasivamente. Podemos ayudarlos a evitar que lastimen a otros.



Comprendiendo y Manejando el Temperamento y Personalidad de Nuestros Niños

Por Marisol Muñoz-Kiehne, PhD
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“Cada loco con su tema, para los gustos se hicieron los colores, cada cabeza es un mundo, pues todos somos distintos, como los dedos de la mano.”

Lupe: Comadre, no sé qué tiene, o qué le pasa a Lupita, es tan tranquila y callada, y se espanta de todo lo que no conoce. Su hermano Luisito no se está quieto ni deja de hablar, y busca amistad con cualquier desconocido…

Marta: Yo creo que no debes compararlos. Lupita siempre ha sido reservada y cuidadosa; es parte de su personalidad y no le haría bien obligarla a ser quien no es. Yo de niña odiaba que me compararan con mi hermana o mis primos.

Lupe: Tienes razón, pero me preocupa cómo le irá cuando empiece la escuela… ¿Crees que la debo llevar con un especialista?

Marta: Yo diría que Lupita es más callada y tranquila que su hermano o tú, pero me luce que es una niña sanita y feliz. Para asegurarte, ¿qué tal si le hablas a su pediatra a ver qué dice?

Lupe: Buena idea, tal vez quien necesite la consulta soy yo, para aprender a entender a mi niña.


Tanto los niños como los adultos tenemos distintos temperamentos, y es provechoso aprender a sacarle partido a cada personalidad. Nuestros niños vienen a este mundo con un estilo propio particular. El temperamento es la manera natural con que los seres humanos interactuamos con el entorno, es nuestra forma de ser y de desenvolvernos. El temperamento de cada cual es innato, probablemente heredado, e incluye la habilidad para adaptarnos, el estado de ánimo, la intensidad, el nivel de actividad, y la regularidad.

Para conocer el temperamento de nuestros niños, observémoslos, escuchémoslos, y notemos sus tendencias a la hora de comer, dormir, y enfrentar personas y situaciones nuevas. Las personas somos más o menos regulares o irregulares en cuanto al hambre y al sueño, más o menos tranquilos o activos, más o menos calmados o irritables, más o menos cautelosos o arriesgados, más o menos solitarios o sociales, más o menos flexibles o rígidos al encarar novedad y cambios.

El temperamento es una de las bases del comportamiento infantil. Por ejemplo, al ver un animal grande, un pequeño puede espantarse, llorar y esconderse. Otro puede mostrar interés, pero actuar con cautela. Y otro tal vez trate de jugar con el animal de inmediato, sin temor alguno.

El temperamento de muchos niños puede describirse como flexible, adaptable y relajado, mientras que otros de temperamento intenso y reactivo requieren mucha atención. Existe una gran variedad de lo que se considera normal. No importa la personalidad de nuestros niños, debemos identificar y respetar su temperamento, y aceptar a cada uno tal cual es, para apoyar su crecimiento, su confianza en sí mismo y sus habilidades y talentos.

Para sacarle partido a cada personalidad, conozcamos el temperamento de nuestros niños y el nuestro, para así promover el bienestar de cada niño, y la armonía familiar.

Recomendaciones:

1. Observemos atentamente a cada uno de nuestros niños según crece, para conocerle mejor y descubrir sus inclinaciones y tendencias, intereses y preferencias.
2. Respetemos y hagamos respetar la personalidad natural de cada uno de nuestros niños.
3. Recordemos que no existen temperamentos superiores o inferiores, mas sí hay mejores o peores maneras de manejarlos.
4. Evitemos imponernos injustamente cuando nuestro propio temperamento es diferente al de nuestros niños.
5. Seamos particularmente pacientes y alentadores con nuestros niños reservados y tímidos.
6. Seamos especialmente claros y cuidadosos con nuestros niños osados y atrevidos.
7. Recordemos que para todo temperamento aplican las 4 “C” de la crianza: calma, caricias, conciencia, y consistencia.
8. No olvidemos que, sea como sea el temperamento de nuestros niños, cada uno necesita las 4 “A”: apreciación, atención, apoyo y amor.
9. Procuremos orientación profesional de terapeutas y educadores cuando nuestro temperamento y el de nuestros niños entran en conflicto, interfiriendo con la crianza y el desarrollo de nuestra relación con ellos.

Como dijo hace siglos un sabio filósofo griego, “conócete a ti mismo.” Y observemos y escuchemos atentamente a cada uno de nuestros niños para conocerlos y entenderlos a ellos. Respetemos y hagamos respetar la personalidad de cada cual, y así fomentaremos crecimiento y desenvolvimiento de todos nuestros niños.

Libros:


Disciplina Latina: Ni Guillotina, Ni Gelatina

Marisol Muñoz-Kiehne, PhD
(Escrito originalmente para Baby Center en Español)
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Si al contemplar a tu pequeño angelito te parece que es muy temprano para pensar en asuntos de disciplina, recuerda el refrán popular que nos advierte que “Árbol que crece torcido, jamás su tronco endereza.” También hay algo de cierto en el dicho que nos consuela diciendo que “Nunca es tarde si la dicha es buena,” mas los estudios sobre la crianza infantil y la experiencia de los padres de familia coinciden al concluir que, cuando de disciplina se trata, “Mientras antes, mejor,” pues “Mejor es prevenir que tener que lamentar.” Por lo tanto, tenga tu retoño 2 semanas, 2 meses, o 2 años de nacido, recomendamos que comiences a considerar y a conversar sobre cómo le vas a disciplinar.

Disciplina: Madre y Maestra, Mensajes y Metas

Para muchas madres y padres Latinos la palabra “disciplina” evoca sentimientos y pensamientos negativos. Para algunos, surgen recuerdos desagradables de situaciones angustiantes, palabras humillantes, y castigos dolorosos. ¿Acaso aún no sentimos escalofríos al imaginarnos lo que sucedería cuando llegara papá a “disciplinarnos” cuando nos habíamos portado mal, o al visualizar a la temida “decana de disciplina” de la escuela? Si piensas que disciplinar se trata de controlar o castigar a los niños, continúa leyendo y aprenderás lecciones que te beneficiarán tanto a ti como a tus hijos, desde la infancia hasta la adolescencia.

Hablando de lecciones, el origen de la palabra “disciplina” es, precisamente, “discípulo, estudiante.” Disciplinar significa enseñar, guiar y preparar a tus hijos para la vida. Los padres de familia juegan papeles cruciales y comunican mensajes esenciales al disciplinar a sus hijos. Entre otros, les sirven de maestros (“te enseñaré lo que sé”), de guías (“te mostraré los caminos de bien”), y de entrenadores (“te prepararé para el partido de la vida”).

Por medio de la disciplina, les vamos enseñando a los niños, desde pequeñitos, las lecciones más importantes de la vida, tales como expresar sus emociones, controlar su conducta, y pedir ayuda cuando la necesiten. Según los niños van aprendiendo estas lecciones, se van acercando a las metas de sus padres de que sus hijos crezcan “bien educados” y no “malcriados.” ¿Verdad que una de tus metas como madre o padre es que tus hijos aprendan a conducirse y comportarse para convivir en familia y comunidad?

No es fácil cumplir estos papeles, impartir estos mensajes, enseñar estas lecciones y alcanzar estas metas. Al intentarlo, tendemos a utilizar ciertos estilos disciplinarios, a menudo basados en cómo se nos disciplinó en nuestra infancia.

Estilos Disciplinarios: "Ni poco ni demasiado," "Todo en exceso hace daño."

A continuación resumimos las características de los estilos disciplinarios más comunes. ¿Cuál predominaba en tu hogar durante tu niñez? ¿Cuál practicas o practicarás con tus niños?
  • Mamá o Papá Sargento. Estilo disciplinario basado en la autoridad y el control por parte de los adultos, a menudo con la intención de proteger a los niños. Las reglas se imponen como órdenes, de manera dura y rígida. Ya que no hay diálogo, los niños no aprenden a pensar ni a tomar decisiones, sólo aprenden a seguir instrucciones. La relación entre los padres y los hijos tiende a ser fría y distante. Especialmente cuando se utiliza el castigo físico, los niños obedecen a los padres, más por temor que por respeto. Si han sufrido o presenciado maltrato en manos de sus padres, los niños pueden desarrollar identidad de intimidador o de víctima. Por todo esto, ¡cuidado con esta "disciplina guillotina!"
  • Mamá o Papá Salvavidas. Muchas veces se aplica como reacción opuesta a los padres haberse criado con un estilo Sargento extremo. El estilo disciplinario Salvavidas carece de límites claros y de consecuencias para la conducta. Los padres complacen en todo a los niños, y no les enseñan lo que significa "no" o "basta." Sin reconocer orden ni autoridad, los niños no aprenden a seguir reglas ni a ser responsables por su comportamiento. La relación entre los padres y los hijos tiende a ser una entre iguales, y cuando los niños enfrentan límites o consecuencias por su conducta, los padres vienen a su rescate. Los niños tienden a crecer creyendo que lo merecen todo, y que pueden violar las leyes con impunidad. Así que, ¡alerta con la "disciplina gelatina!"
  • Mamá o Papá Sabio. Estilo disciplinario que combina lo mejor de los estilos Sargento y Salvavidas. Los padres establecen reglas razonables, límites claros, y consecuencias consistentes pero flexibles. Al haber diálogo, los niños aprenden a pensar y a tomar decisiones. Al no haber abuso, los niños aprenden a respetar y a asumir responsabilidad por su conducta. Se cultiva una relación estrecha y cálida entre padres e hijos, sin olvidar que "Donde manda capitán, no gobierna marinero."
Hay ocasiones en las cuales el estilo Sargento o el estilo Salvavidas son apropiados. Por ejemplo, si tu pequeño intenta cruzar la calle en medio del tráfico, es hora de imponer tu autoridad de manera firme y absoluta, y de rescatarlo de inmediato. Y si tu chiquita es víctima de trato injusto, ¡vuela con tu capa de superhéroe a su defensa! Pero en la mayor parte de las situaciones de la vida diaria el estilo disciplinario de Mamá o Papá Sabio es el más efectivo a largo plazo, pues fomenta relaciones sanas entre los adultos y los niños, mientras éstos desarrollan su juicio y carácter.

Casi todos los padres de familia hacen lo mejor que pueden según sus circunstancias, mas innumerables padres de familia repiten con sus hijos los errores cometidos por sus padres en el pasado, especialmente cuando no cuentan con influencias constructivas o reconstructoras a su alrededor en el presente. Las malas noticias son que tendemos a replicar con nuestros hijos lo que aprendimos de nuestros padres, aún cuando se equivocaron; las buenas noticias son que nunca es tarde para aprender y enseñar a nuestros niños la ciencia de la disciplina Latina que no es "guillotina," pero tampoco es "gelatina."

La Ciencia de la Disciplina: Conciencia, Paciencia, Consistencia y Persistencia

A la hora de disciplinar a tus niños, sean bebés, preescolares o ya mayorcitos, el siguiente verso puede servirte de recordatorio: "La disciplina es una ciencia: a conciencia, con paciencia, consistencia, ¡y persistencia!"

A Conciencia:
  • Disciplinar a conciencia quiere decir pensar antes de hablar o de actuar.
  • Considera qué lección quieres impartirle a tus niños con tus palabras y acciones.
  • Enséñales a comportarse por medio de tu ejemplo.
  • Figura qué necesidades está comunicando tu pequeño mediante su conducta.
  • Por ejemplo, los berrinches de tu niño pueden comunicar que se siente enfermo, cansado, frustrado, angustiado, fuera de control, o pueden ser un intento de tratar de convencerte a que cedas a sus antojos.
Con Paciencia:
  • Disciplinar con paciencia es responder en vez de reaccionar.
  • Ejerce tu autoridad firmemente sin palabras o actos que puedan lastimar a tu niño.
  • Maneja tu estrés y frustración sin humillar o agredir a tus hijos.
  • Aprende destrezas para manejar tu enojo, tal como respirar profundamente.
  • Por ejemplo, cuando tu pequeña desobedece o te desafía, afirma tu autoridad con calma y sin perder las casillas.
Consistencia:
  • Disciplinar con consistencia comienza delineando reglas razonables.
  • Establece límites claros, para que tu niño sepa qué es aceptable y qué no lo es.
  • Implementa consecuencias positivas o negativas según la conducta del niño.
  • Preferiblemente, las reglas, los límites y las consecuencias son los mismos o similares en los diferentes contextos en los que crecen tus niños.
  • Por ejemplo, para que el niño aprenda que no debe morder a otros, cada vez que muerda todos los involucrados en su crianza pueden decirle "¡No! Morder duele," y retirarlo al "tiempo-fuera" un minuto por cada año de edad.
Persistencia:
  • Disciplinar con persistencia significa nunca rendirnos, a pesar de los pesares.
  • Recuerda que las lecciones que impartes a tus niños al disciplinarlos son lecciones para toda la vida.
  • Persiste ante los contratiempos, errores y obstáculos, ya que "El que persevera, alcanza."
Ayuda Disciplinaria:

"Dos cabezas piensan mejor que una" y "Preguntando se llega a Roma"


Bien sabemos que es difícil disciplinar a nuestros niños consciente, paciente, consistente y persistentemente, especialmente cuando nuestros retoños crecen en un suelo distinto al de nuestras raíces y no contamos con la red de apoyo con que contaban nuestras abuelas.
Por eso, recomendamos que aproveches la guía y apoyo profesional disponible en este sitio en Internet, en clases para padres de familia, y en consultas de consejería. Puedes adoptar o adaptar las sugerencias de los expertos “En tu casa, y en tu caso.” Los siguientes libros también pueden ayudarte.
  • Criando a su Niño con Orgullo Latino (Dra. Carmen Inoa Vázquez)
  • Criando Nuestros Niños: Educando a Niños Latinos en un Mundo Bicultural (Dra. Gloria G. Rodríguez)
  • ¿Dónde están las Instrucciones para Criar a los Hijos? (Dra. Isabel Gómez-Bassols)


Enseñando Respeto a Nuestros Niños

Marisol Muñoz-Kiehne, Ph.D.

Respeto como fundamento, valor, cualidad, destreza que aspiramos desarrollen nuestros niños.

Respeto es sustantivo y verbo, principio que se lleva a la práctica.
Como otros valores, el respeto, aunque afectados por influencias externas, se aprende principalmente en el hogar.

  • “El respeto al derecho ajeno es la paz”
  • Recordar de quién y cómo aprendimos a respetar nosotros
  • El respeto se gana dándonos a respetar y tratando a otros con respeto
  • Mostrar respeto propio, respeto a los mayores, a la autoridad, a las leyes
  • Comunicar respeto sin palabras (con la mirada y el tono de voz)
  • Respetar y tolerar personas con ideas o visiones diferentes a las nuestras
  • Permitir la expresión de pensamientos y sentimientos negativos
  • Permitir desacuerdos
  • Resolver los conflictos sin violencia
  • Tratar a nuestros hijos como a nuestros mejores amigos
  • Respetar, tomar en serio sus opiniones, sus emociones y sus decisiones
  • Respetar la privacidad de nuestros hijos (puerta cerrada, pertenencias personales)
  • Demostrar respeto al escuchar, al hablar, al actuar
  • Practicar buenos modales: Gracias, por favor, lo siento
  • Practicar pedir permiso, disculpas, perdón
  • Enseñar cómo pensar y tomar decisiones, no qué pensar ni qué decidir
  • Estimular, dar ánimo sin presionar o empujar
  • Evitar juzgar, criticar, invalidar sus ideas y sentimientos
  • Evitar comparar a sus hijos; la vida no es una competencia ni un concurso
  • Evitar el uso del sarcasmo y la burla
  • Mensajes importantes: creo en ti, confío en ti, eres importante, tú puedes


Enseñando Responsabilidad a Nuestros Niños
Marisol Muñoz-Kiehne, Ph.D.

Responsabilidad como fundamento, valor, cualidad, destreza que aspiramos desarrollen nuestros niños.

Responsabilidad es sustantivo y verbo, principio que se lleva a la práctica.
Como otros valores, la responsabilidad, aunque afectada por influencias externas, se aprende principalmente en el hogar.

  • Responsabilidad como “habilidad para responder”
  • Recordar de quién y cómo aprendimos responsabilidad nosotros
  • La responsabilidad se aprende en atmósfera de cariño, firmeza, y dignidad, no control o desorden
  • Las responsabilidades nos hacen sentir útiles, necesarios, apreciados
  • Ofrecer oportunidades para demostrar responsabilidad
  • Acordar cuales son las responsabilidades y consecuencias de cada cual, según sus capacidades
  • Servir de ejemplo de cumplir con nuestras responsabilidades
  • Enseñar a asumir responsabilidad sobre los problemas y las soluciones
  • Enseñar a manejar el tiempo y el dinero
  • Enseñar a cumplir con las tareas del hogar y de la escuela según sus capacidades
  • Cumplir con deberes, acuerdos, palabra y promesas
  • Devolver lo que tomamos prestado, no dar excusas, no gastar más de lo que podemos
  • Disculparnos y corregirnos al cometer errores
  • No mentir, dejar pasar, pagar o premiar los errores de nuestros niños
  • Dejar que nuestros niños tomen decisiones y asuman responsabilidad por las consecuencias
  • Todo derecho trae responsabilidades
  • Con conducta responsable ganamos privilegios, con conducta irresponsable, los perdemos
  • Pasos: Dar responsabilidad a nuestros niños
  • Confiar que la cumplirán
  • Si no la cumplen, permitir que enfrenten las consecuencias
  • Darles la misma responsabilidad otra vez, para darles la oportunidad de demostrar que aprendieron de la experiencia


La Intimidación entre los Niños
Marisol Muñoz-Kiehne, PhD
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La intimidación entre niños es de los problemas más comunes y más dañinos que entorpecen su desarrollo emocional, social, y educacional. Es un asunto serio, meritorio de atención e intervención.

Por intimidación nos referimos a actos en los que un individuo o grupo con más poder hostiga emocional o físicamente a otros. Al ocurrir repetidamente, crea un patrón de hostigamiento y un ambiente de inseguridad y peligro.

Manifestaciones

  • Aislamiento intencional, exclusión de grupos y actividades.
  • Burlas, insultos por apariencia física, raza u orientación sexual.
  • Rumores, murmuraciones, manipulaciones, humillaciones.
  • Vandalismo, extorsiones y robos.
  • Amenazas y actos de violencia física y sexual.
  • La intimidación puede tomar lugar en persona o por medios de comunicación escrita y electrónica.
  • La intimidación entre niñas tiende a ser verbal, mientras que los varones demuestran más intimidación física.

Frecuencia

La intimidación es la forma más frecuente de violencia en nuestra sociedad, y los niños aprenden y copian lo que observan en sus hogares, comunidades, y a través de los medios de comunicación. Aunque es común a través de los diversos grupos sociales y económicos, la intimidación no es una parte normal de la niñez.
Los varones tienden a jugar papeles de intimidador e intimidado más frecuentemente que las niñas.

La intimidación verbal tiende a mantenerse constante a través de los años escolares. Sin embargo, la intimidación física tiende a aumentar en la escuela primaria, ser más frecuente en la intermedia, y disminuir en la secundaria.

Algunas encuestas indican que hasta una mitad de los niños de edad escolar son intimidados en algún momento, y que por lo menos un 10% son intimidados regularmente. Se estima que cientos de miles de niños son intimidados cada día, y varios estudios han señalado que un 15% de los niños son traumatizados al ser intimidados por otros niños.

Un informe reciente de la Asociación Médica Estadounidense calcula que aproximadamente 3.7 millones de niños cometen actos de intimidación moderada o intensa, y que más de 3.2 millones son víctimas de los mismos anualmente.

Desde 1992 se han reportado 250 casos de muerte en las escuelas por violencia en circunstancias de múltiples víctimas. La intimidación ha sido un factor determinante en la mayoría de los casos de balaceo en las escuelas.

Se ha calculado que en los EEUU diariamente faltan a clase 160,000 niños por temor de ser intimidados por otros estudiantes.
Indicadores

En los niños intimidados:

  • Llegan a casa con golpes, o ropa o posesiones maltratadas.
  • Dicen haber perdido dinero o posesiones.
  • Se sienten tristes, criticados, rechazados por los demás.
  • Se sienten perseguidos y demuestran temores.
  • Evitan la escuela, algunas clases, o ciertas situaciones sociales.
  • Muestran cambios en sus hábitos de comida o sueño.
  • Exhiben deterioro en su aprovechamiento escolar.
  • Llevan o tratan de llevar consigo alguna forma de protección.
  • Hablan de escapar o de hacerse daño a sí o a otros.
  • Demuestran conductas agresivas hacia otros más pequeños o débiles.

En los niños intimidadores:

  • Parecen no sentir compasión por los demás.
  • Demuestran necesidad de estar en control y dominar a otros.
  • Exhiben conductas verbal o físicamente agresivas.

Causas

Aunque posiblemente existen predisposiciones biológicas hacia comportamientos agresivos, la intimidación se considera una conducta aprendida. Tiende a cultivarse y propagarse en ambientes de poca supervisión y de disciplina inconsistente. Los niños aprenden de los adultos si la intimidación es aceptable o no.

En la mayoría de los casos, los niños que intimidan han sido directamente expuestos a patrones de intimidación en el que han sido víctimas o testigos de abuso físico, emocional o sexual. Se postula que los intimidadores hostigan a otros para sentirse más poderosos.

Entre otros precipitantes de actos de intimidación también se han identificado el celo, la envidia, y el deseo de atención. Por medio de la intimidación, algunos niños intentan hacen lucir mal a los demás para lucir más atractivos y fuertes.

Características

Si bien toda generalización es injusta, y valen las excepciones…

Los niños intimidados:

  • Manifiestan un concepto bajo de sí mismos.
  • Se comportan de maneras calladas y pasivas.
  • A menudo se muestran cautelosos, ansiosos, e inseguros.
  • Tienden a estar solos, aislados, a carecer de amistades.
  • Aparentan menor tamaño y fuerza que los intimidadores.
  • Pocas veces se defienden o vengan.

Los niños intimidadores:

  • Tienden a pensar casi exclusivamente en el interés y bienestar propios.
  • Parecen necesitar y disfrutar el dominar y controlar a otros.
  • Muchos intimidadores piensan ser superiores, otros se sienten inseguros.
  • Defienden su conducta aseverando que fueron provocados.
  • Demuestran dificultades entendiendo las emociones sociales, tales como la empatía, la compasión, la culpa y el remordimiento.
  • Algunos tienen trastornos psicológicos que no les permiten sentir y pensar normalmente.
  • A menudo son desafiantes o agresivos en relaciones con adultos y las autoridades.

Consecuencias

La intimidación entre los niños acarrea consecuencias negativas a corto y a largo plazo. Afecta el clima de escuelas y comunidades, impidiendo que los niños se sientan seguros donde viven o donde van a estudiar y aprender. Y, como otras formas de violencia, la intimidación impacta negativamente tanto al intimidado como al intimidador.

Los niños intimidados:

  • Faltan a la escuela para evitar situaciones de intimidación.
  • Reducen su rendimiento escolar por ausencias y dificultades concentrándose.
  • Se sienten indefensos y asustados.
  • Sienten vergüenza o culpa por ser maltratados.
  • Pueden desarrollar enfermedades precipitadas o empeoradas por el estrés.
  • Pueden desarrollar trastornos de ansiedad, tales como fobias sociales.
  • Pueden desarrollar trastornos del ánimo, tales como la depresión clínica.
  • Pueden llegar a considerar la fuga o el suicidio.

Los niños intimidadores:

  • Pueden terminar siendo rechazado por sus compañeros.
  • Reducen su rendimiento escolar por medidas disciplinarias, tales como suspensiones, que impactan su asistencia.
  • Sin intervención, corren alto riesgo de involucrarse en conducta criminal.

¿Qué Hacer?

Una de las creencias erróneas sobre la intimidación es que ésta cesará con tan sólo ignorarla. No es así. A menos que se intervenga directamente, la mayoría de las situaciones de intimidación entre niños continuará o empeorará.

Si queremos reducir los efectos perjudiciales de la intimidación en nuestros niños, nuestras escuelas y comunidades, los padres de familia y otros encargados de niños pueden y deben actuar para prevenir actos de intimidación, y para eliminarla cuando ya existe.

En el hogar y vecindario:

  • Observar y escuchar atentamente a sus niños.
  • Notar si exhiben temores de otros niños o de situaciones sociales.
  • Enseñarles a hacer valer sus derechos.
  • Evitar decirle a los niños que se defiendan peleando.
  • Practicar respuestas afirmativas y humorísticas a situaciones intimidantes.
  • Discutir y demostrar la importancia del respeto y la amabilidad entre las personas.
  • Enfatizar que el intimidador es temido, no respetado.
  • Recalcar que el intimidador no tiene excusa, y que el intimidado no tiene culpa.
  • Alentarles a desarrollar amistades y relaciones de compañerismo.
  • Hablar sobre los daños emocionales, sociales, educacionales y legales de la intimidación.
  • Preguntarles a diario sobre la escuela y las relaciones entre los compañeros.
  • Pedirles que nos cuenten sobre cualquier interacción que los incomode.
  • Enseñarles que digan a los adultos si son intimidados o presencian intimidación.
  • Sugerir que nos demuestren a través de juegos los incidentes sospechosos.
  • Ofrecerse a trabajar en la escuela y a apoyar al personal escolar.
  • Procurar ayuda de maestros y consejeros si sus niños juegan papel de intimidado o intimidador.

En la escuela o guardería:

  • Desarrollar ambiente en el que se enseña y refuerza el respeto y la amabilidad.
  • Establecer política de no tolerancia a la intimidación, con consecuencias apropiadas, y repasarla con los estudiantes.
  • Facilitar que los estudiantes creen y sigan un código de conducta.
  • Considerar programas especializados en combatir la violencia, tales como la resolución de conflictos, la mediación entre pares, y el manejo del enojo.
  • Responder pronta y razonablemente a toda queja o incidente de intimidación entre niños.
  • Alentar a los estudiantes que presencien intimidación a que apoyen al intimidado.
  • Exhortarles que reporten al personal escolar incidentes de intimidación.
  • Supervisar a los estudiantes en los pasillos, baños y áreas de recreo.
    Intervenir interrumpiendo toda situación de intimidación.


Menos Gritos y Más Gozo en Nuestras Familias

Marisol Muñoz-Kiehne, PhD y Rona Renner, RN

La mayoría de los padres de familia no quieren gritar, pero muchas situaciones provocan regaños y gritos. Si siente cansancio, hambre, o frustración, tendrá más dificultades manejando sus emociones, y el gritar es a veces una reacción automática.

He aquí unas medidas a tomar para gritar menos y gozar más en su familia.

Reduzca su estrés:

  • Si está haciendo demasiado, decida qué es lo más importante, y elimine otras actividades.
  • Duerma suficiente, y descubra maneras de relajarse.
  • Ejercítese regularmente y coma bien.

Decida gritar menos:

  • Piense en por qué esta es una meta importante para usted y su familia. ¿Cómo se sentía en su niñez cuando sus padres gritaban? ¿Se portan mal o se asustan sus niños cuando usted grita? ¿Le gustaría vivir en un hogar más calmado?
  • Desarrolle un plan:
    - Dígale a su familia que cuando sienta su nivel de estrés aumentar, tomará un descanso de cinco minutos.
    - Identifique los obstáculos que dificultan su intención de gritar menos. Quizás su pareja o hijos no están ayudándole suficiente.
    - Pida apoyo y ayuda. Si su hermana le ha ofrecido cuidarle los niños, acepte el ofrecimiento.

Maneje su enojo:

  • El primer paso para gritar menos es reconocer lo que le altera. Si toma apuntes identificará las circunstancias en las que está más propenso a gritar. ¿Tiende a gritar a cierta hora del día? ¿Se encuentra usualmente en casa o en el auto cuando grita? ¿Qué comportamientos provocan sus gritos, y cómo se siente entonces?
  • Tome notas por lo menos una semana, y conocerá mejor sus tendencias y patrones. Reflexione sobre sus apuntes.
  • Imagine una cámara en su hogar tomando fotos de usted cuando grita. ¿Qué ve?
  • Sea amable con usted mismo al observar sus patrones de comportamiento. El hecho de que esté leyendo esto significa que es un padre de familia dedicado.
  • Respire profundamente antes de responderle a sus niños. Si está a punto de gritar, retírese y piense en lo que quiere lograr. Trate de disciplinar respetuosamente, con amor y límites. Dejarle saber a sus niños lo que espera que hagan, y seguir su conducta con consecuencias ayudará a reducir la gritería.

Disfrute el tiempo que dedica a su familia. El mayor legado que puede dejarles es un hogar armonioso.

Recurso: Kids, Parents, and Power Struggles por Mary Sheedy Kurcinka



El Reto de la Disciplina
Marisol Muñoz-Kiehne, Ph.D.

Disciplinar significa enseñar (la palabra disciplina viene de discípulo, estudiante, el que aprende)
Es preparar a nuestros hijos para la vida, no controlar la vida de nuestros niños

Papeles de los Padres:

  • Maestro (te enseño lo que sé)
  • Testigo (estoy aquí)
  • Espejo (te veo, te escucho)
  • Guía (te muestro un camino)
  • Entrenador (te preparo para que estés listo)

Estilos Disciplinarios:

  • Sargento-pared de ladrillo (controlador, rígido, duro, no hay diálogo, el niño sólo sigue órdenes)
  • Helicóptero de rescate-gelatina (sin límites o consecuencias, el niño no aprende a seguir reglas)
  • Consultor-espina dorsal (reglas y consecuencias razonables y flexibles, el niño aprende a pensar)

Lecciones a Enseñar:

  • Tomar decisiones
  • Resolver problemas
  • Cuidado personal
  • Dominio propio
  • Manejo del estrés
  • Manejo de la ira
  • Pedir ayuda

Ideas a Recordar:

  • Enfatizar lo positivo
  • Dar a escoger entre opciones aceptables
  • Estimular para mejorar, no para que sean perfectos
  • Evitar el comparar a nuestros hijos con otros
  • Reconocer y aplaudir el esfuerzo, no sólo el resultado
  • Los errores no son fracasos, pero su costo aumenta con el pasar del tiempo
  • Al señalar con el dedo, el índice apunta hacia el otro, pero tres dedos apuntan a uno mismo


Temperamento: Otra manera de entender la conducta infantil

Marisol Muñoz-Kiehne, PhD y Rona Renner, RN

¿Son sus niños muy diferentes a lo que usted esperaba? ¿Se pregunta a veces dónde aprendió su niña a ser tan extrovertida y voluntariosa, o por qué su niño es tan callado y reservado? Cuando entendemos el temperamento de los niños podemos apreciar más claramente su estilo único.

El “temperamento” es la manera de responder primera y más natural de las personas. Es nuestra forma de ser y de desenvolvernos en el mundo. De la misma manera que algunos bebés nacen con mucho cabello y otros casi calvos, algunos niños son enérgicos desde su nacimiento y querrán interactuar con usted todo el tiempo, mientras otros están contentos jugando calladamente en la cuna mientras usted prepara la cena. Nuestros niños vienen a este mundo con un estilo propio particular.

Los temperamentos no son buenos o malos, pero algunos niños son más difíciles de criar que otros. Mucho depende también del temperamento suyo, y de cuán compatibles son el temperamento de los niños con el de sus padres.

Por ejemplo:

  • Su hija enérgica tal vez quiera que usted practique fútbol con ella en cuanto se despierte, pero usted tiene un nivel de energía más bajo y preferiría sentarse a leer el periódico o dormir la mañana. La energía de su niña quizás le resulte molesta, aunque sea normal para ella.
  • Su hijo puede ser sensitivo a lugares y personas desconocidos y le tomará tiempo entrar en confianza, así que cuando van a casa de familiares querrá sentarse en su falda. El que usted sea amistoso y gregario no significa que su hijo también lo será. Déle tiempo para que se sienta cómodo, y entonces se atreverá a jugar con los otros niños.
  • Usted quizás reacciona intensamente y grita fácilmente. Su niña puede ser baja en intensidad y sensitiva al volumen alto. Cuando usted grita, ella tenderá a llorar. Trate de bajar el volumen de su voz y háblele una vez usted se haya calmado. Por otro lado, tal vez tenga una niña alborotosa que reacciona intensamente. Si es así, respire profundamente y cuente hasta 10 antes de responderle, y evitará una gritería.
  • Algunos padres de familia se adaptan fácilmente, y se impacientan con el niño a quien le toma tiempo alistarse para salir en la mañana. Reduzca su velocidad y déle instrucciones claras sobre lo que espera que haga, y un reloj con alarma para que sepa cuando sea hora de salir.
  • Conocer el temperamento es una herramienta útil para el proceso interminable de desarrollar una relación sana con nuestros. Aprenda más sobre este tema leyendo “Cómo Desarrollar El Temperamento De Su Hijo” por Beverly LaHaye, y “Por favor, compréndeme: tipos de carácter y temperamento” por David Keirsey y Marilyn Bates.


Usando “Tiempo Fuera” (Time Out) al Disciplinar

Rona Renner, RN y Marisol Muñoz-Kiehne, PhD

Tendemos a disciplinar según nos disciplinaron nuestros padres, y de acuerdo a nuestra cultura y estilo de criar niños. Podemos disciplinar de manera respetuosa que comunica queremos que los niños aprendan lo correcto y no lo incorrecto, sin perder el control ni gritar. He aquí una manera de ofrecer amor y límites.

El “tiempo fuera” es una reconocida y efectiva alternativa al pegar y regañar. Los padres de familia y los maestros lo utilizan para ayudar a los niños a calmarse y manejar su comportamiento. También es una manera en que los adultos que se sienten enojados pueden calmarse y distanciarse de un niño cuando la situación está descontrolándose.

Hay diferentes maneras de hacer “tiempo fuera”; adapte lo sugerido aquí según su caso en particular. Los niños sensitivos pueden tener una reacción fuerte al ser enviados a otro cuarto para el “tiempo fuera”, y los niños pequeños pueden mostrar renuencia a separarse de sus padres. En estas situaciones podemos usar una silla o el escalón inferior de unas gradas para el “tiempo fuera”.

El siguiente método funciona para muchos niños, mas si tiene problemas hable con su pediatra, maestra(o), o consejero(a).

María: (4 años) “¡Papá, quiero más helado! ¡Por favor, papi, por favor!”

Papá: “No, querida, ya hoy has comido muchos dulces.”

María: “Pero quiero más helado” (Gritando)

Papá: “María, si sigues pidiendo no tendrás helado mañana. Deja de gritar.”

María: (Gritando) “¡Yo quiero más helado!”

Papá: “Basta. Si no paras, irás a la silla de tiempo fuera.”

María: (No para, grita más recio)

Papá: (Lleva a María y un reloj a la silla) “Pasarás 4 minutos en tiempo fuera. Sé que estás decepcionada, pero necesitas aceptar cuando te digo “No”. Una vez cumplas el tiempo fuera saldremos a caminar como habíamos acordado.”

María: (Llora)

Papá: “Regresa cuando la alarma del reloj suene, estaré esperando.”

El papá se retira, María solloza un poco y deja de llorar.

Cuando termina el tiempo fuera, el papá no guarda rencor, le demuestra atención y cariño a María, y la lleva a caminar según acordado.

María sabe por qué mereció el tiempo fuera. Se calma, y el papá evita entablar una batalla de gritos. Él quiere enseñarle a no gritar cuando no obtiene lo que quiere. Si él es consistente, ella aprenderá a no gritar cuando el papá dice “No”.

Para información sobre disciplina y para ordenar un libro o video en español o en inglés “1-2-3- Magia”, por el Dr. Thomas Phelan, visite www.parentmagic.com